Puedes encontrar estos calabacines por todas partes. Son perfectos como aperitivo en la mesa familiar, combinan de maravilla con legumbres, aceite de oliva o carne a la parrilla, y suelen ser el primer plato en desaparecer antes de que se sirva el plato principal. Con un poco de tzatziki frío o una ensalada rústica de acompañamiento, será difícil dejar ni un trozo.
El secreto del éxito reside en la sencillez. Las rodajas no deben ser demasiado finas para que conserven su textura al freírlas, mientras que el rebozado debe tener una consistencia espesa para cubrir bien cada trozo. El resultado es un característico rebozado dorado, agradablemente crujiente, que realza el sabor del calabacín.
Ya sean lentejas, ensalada o cualquier otro plato casero, un plato lleno de calabacín crujiente siempre destaca. Es una de esas recetas griegas sencillas que demuestran que no se necesita mucho para impresionar con un sabor delicioso.
Materiales
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- 4½ cucharadas de harina común
- 1 calabacín grande y tierno
- 170 ml de cerveza (aproximadamente media lata)
- una pizca de sal
- Pimienta recién molida
- Aceite de girasol o aceite de oliva suave para freír.